Bienvenid@s al curso 2018-2019

Este blog pretende ser una ayuda para el estudio de la asignatura de Ciencias de la Tierra y Medio Ambiente de los alumnos de 2º de Bachillerato.

A lo largo del curso irán apareciendo entradas con comentarios sobre las unidades didácticas, noticias relacionadas con el medio ambiente, ejercicios de selectividad, recordatorio de fechas de exámenes, presentaciones o animaciones de distintas partes del libro, etc.

Y recuerda que: "Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, solo será cuestión de recoger sus frutos". (Thomas Carlyle)

domingo, 21 de marzo de 2010

El mapa de terremotos de España no es fiable


España esconde decenas de fallas activas, capaces de provocar terremotos destructores, pero los organismos públicos responsables de prevenir sus efectos no tienen ni idea de dónde están. El Instituto Geográfico Nacional (IGN), encargado de elaborar el mapa de peligrosidad sísmica, dispone de datos obtenidos con sismógrafos en los últimos 100 años, en el mejor de los casos.

FUENTE Público 18/03/2010

También emplea el testimonio subjetivo de los historiadores en los últimos siglos, pero este registro es muy incompleto debido a la destrucción de bibliotecas en la época de la Reconquista. Si una falla estalla de manera más o menos regular cada 1.000 años, queda fuera del conocimiento actual.

Las fallas, según un ejemplo utilizado por los geólogos, son como una parada de autobús. Y el bus es el terremoto. Si los sismógrafos no han visto nunca el autobús, no pueden saber cada cuánto pasa. Para averiguarlo, es necesario agujerear la tierra para desvelar cuándo hubo terremotos en la prehistoria y en la historia antigua.

DOS MANCHAS ROJAS

La escasez de datos hace que en el mapa español de peligrosidad sísmica sólo aparezcan dos manchas rojas: alrededor de Torrevieja (Alicante), donde un terremoto de magnitud 6,6 tumbó la ciudad en 1829 y mató a unas 400 personas, y en torno a Arenas del Rey (Granada), donde un seísmo de magnitud 6,5 acabó con la vida de 800 ciudadanos y destruyó 4.400 edificios en 1884, según datos del IGN.

Las dos Castillas, Aragón, Madrid y la cornisa cantábrica aparecen fuera de peligro. "Si en época romana hubo un gran terremoto y su periodo de recurrencia es de 2.000 años, podría volver mañana y no lo sabemos", advierte el investigador Miguel Ángel Rodríguez Pascua, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME).

El conjunto de la Península no está libre de grandes terremotos. El 16 de diciembre de 1811, en una región de EE.UU. teóricamente libre de seísmos, a miles de kilómetros de la temblorosa falla de San Andrés, comenzó una serie de violentos terremotos. Durante dos meses, cuatro sacudidas con una magnitud de hasta 8,1 zarandearon el noreste de Arkansas y la ciudad de Nuevo Madrid, en Missouri. El temblor causó estragos en un área de 600.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente la superficie de España.

"En la Península Ibérica puede haber sorpresas, como ocurrió en Nuevo Madrid", sostiene Rodríguez Pascua. La situación es similar. El epicentro de los terremotos de EE.UU. se situó en el interior de la Placa Norteamericana, lejos de su punto de fricción con la Placa del Pacífico, origen del gran terremoto de San Francisco en 1906. En España, hay fallas activas alejadas de la costa meridional, donde chocan la Placa Euroasiática y la Africana, pero, si no han temblado en la historia reciente, se desconoce su existencia.

Rodríguez Pascua, junto a otros 50 geólogos de una decena de universidades, ha comenzado a estudiar las entrañas de la tierra para elaborar una base de datos de fallas activas. Su intención es disponer de una versión preliminar de este mapa de terremotos prehistóricos a finales de 2010. Ya han encontrado fallas desconocidas en la cordillera Bética, en las costero catalanas (cerca de Olot) y en zonas más tranquilas históricamente, como el límite de Murcia y Albacete. El 27 de octubre se reunirán todos, por primera vez, en Sigüenza (Guadalajara), para coordinar sus trabajos.

TRABAJOS EN SECRETO

Los investigadores están cavando zanjas en puntos de España cuya apariencia sugiere que hubo terremotos en el pasado. El estudio de los sedimentos y del escalón creado por el temblor, la llamada paleosismología, les permite saber cuándo ocurrió el terremoto y qué magnitud tuvo, aunque sucediera hace decenas de miles de años. El Servicio Geológico de Estados Unidos comenzó estos trabajos en la década de 1970 y sus mapas de peligrosidad sísmica ya incluyen los datos de las fallas que tiemblan tras miles de años en silencio. España está empezando ahora.

Como es habitual en la ciencia española, no hay dinero. Los geólogos que trabajan en este campo se lamentan de que el Ministerio de Ciencia e Innovación apenas financia proyectos de paleosismología. El departamento de Cristina Garmendia, además, ha recortado un 30% el presupuesto del IGME para 2010. "Lo más sangrante es que estos estudios no requieren grandes medios. Una investigación de 10 años podría costar lo mismo que un kilómetro de autovía", denuncia Rodríguez Pascua. "Hasta que no haya un susto, no se hará nada", opina.

"Falta financiación", coincide el profesor de Geodinámica José Jesús Martínez Díaz, de la Universidad Complutense de Madrid. Este geólogo, cansado de pedir financiación para estudiar las fallas activas en Murcia, tuvo que emigrar a Centroamérica para proseguir su investigación. Hasta hace muy poco, cuenta, el único organismo que apoyaba estos trabajos en España era la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos, que empezó hace dos décadas, casi en secreto, a horadar la tierra tras plantearse la construcción de un cementerio nuclear subterráneo, con el fin de descartar terremotos.

DERROCHE DE DINERO

Martínez Díaz cree que la imprecisión del mapa de peligrosidad sísmica español "sale cara". Estos mapas sirven para elaborar la normativa de construcción sismorresistente, que obliga a los constructores a levantar los edificios con materiales resistentes a terremotos. Pero el mapa actual es tan conservador que las manchas rojas que indican alto riesgo son redondeadas. Si se estudiara la falla, serían lineales. "Se gasta mucho dinero en hormigón sismorresistente en zonas en las que no hace falta", explica Martínez-Díaz. Y en las fallas activas desconocidas, los edificios se erigen sin protección.

El director de la Red Sísmica Nacional en el IGN, Emilio Carreño, reconoce que su mapa está incompleto. "Es importantísimo que haya más dinero para estudiar fallas activas y paleosismología", plantea. El mapa de peligrosidad sísmica español no coincide con el francés, donde sí se han hecho estudios de este tipo. O las placas tectónicas conocen las fronteras políticas o el mapa español está mal hecho. "A medida que se vayan descubriendo fallas, las iremos incluyendo", promete.

Autor: Manuel Ansede

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Nuevos datos sobre la concentración de ácido sulfúrico en la atmósfera


Una investigación pionera a cargo de científicos europeos y estadounidenses ha puesto de relieve que la elevada velocidad de la reacción entre el ácido sulfúrico y el agua es el motivo de la alta concentración de ácido sulfúrico en la atmósfera.

FUENTE CORDIS: Servicio de Información en I+D Comunitario 18/03/2010

Los descubrimientos del estudio forman parte del proyecto EUCARRI («Proyecto integrado europeo sobre interacciones entre la calidad del aire y la climatología de las nubes de aerosoles»), financiado con 10 millones de euros por medio del área temática «Desarrollo sostenible, cambio global y ecosistemas» del Sexto Programa Marco (6PM) de la UE. Los resultados del estudio se han publicado en la revista Science.

Los científicos encargados del estudio, procedentes de la República Checa, Finlandia, Alemania, Suecia y Estados Unidos, afirman que sus descubrimientos podrían influir en los modelos climáticos globales y aportan a la comunidad científica los medios necesarios para disipar cualquier duda sobre el impacto de los aerosoles en sus predicciones.

Para lograr estos descubrimientos se ha seguido un largo proceso en el que la comunidad científica ha intentado una y otra vez ajustar las concentraciones atmosféricas de ácido sulfúrico en función de los resultados obtenidos en pruebas de laboratorio sobre la velocidad de formación de partículas.

Mikko Sipilä, del Departamento de Física de la Universidad de Helsinki (Finlandia), indicó que los métodos desarrollados por él y sus colegas permiten detectar partículas poco más grandes que un nanómetro. Los esfuerzos anteriores habían fracasado debido a que los detectores de partículas utilizados no eran suficientemente precisos y sólo detectaban partículas de tres nanómetros o más.

Según el Sr. Sipilä, las partículas de ácido sulfúrico formadas por gas H2SO4 aumentan con gran lentitud cuando su concentración es menor a 108 moléculas por centímetro cúbico. «Debido a esto y a los tiempos de residencia empleados en estudios anteriores, normalmente unos diez segundos, las partículas no alcanzaban los límites de detección de los contadores de partículas utilizados», según una declaración del investigador finlandés.

Gracias a sus métodos de detección nuevos y mejorados, los investigadores lograron demostrar que la diferencia de unos órdenes de magnitud entre los factores de crecimiento teóricos y observados es prácticamente inexistente. También descubrieron que, a pesar de que el factor de crecimiento descubierto no concuerda exactamente con las predicciones teóricas, «sí que se acerca bastante».

Según se indica en la teoría de la nucleación, las partículas como las del ácido sulfúrico se estabilizan cuando existe condensación. Básicamente, la nucleación es una reacción física que se produce cuando los componentes de una solución comienzan a precipitarse y forman núcleos que atraen más precipitados.

La reproducción de los resultados del estudio podría ser trascendental para la ciencia de la climatología, según los investigadores. El Sr. Sipilä indicó que los efectos indirectos de los aerosoles no están representados de forma fidedigna en los modelos climáticos. «En los modelos empleados para el informe [del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático], la nucleación se pasa completamente por alto o está basada en algún tipo de observación ambiental», afirmó. «Si se desconocen los pasos moleculares concretos se crea una gran incertidumbre en dichos modelos. Por esta razón es muy importante comprenderlos, ya que aumentaría la precisión de las predicciones climáticas a nivel mundial.»

Al estudio contribuyeron también investigadores del Leibniz-Institut für Troposphärenforschung e.V. (Alemania), el Instituto de Fundamentos de los Procesos Químicos de la Academia de las Ciencias de la República Checa, el Instituto de Física de Helsinki y el Instituto Finlandés de Meteorología (Finlandia), la Universidad de Estocolmo (Suecia) y el Centro Nacional de Investigación Atmosférica de los Estados Unidos.

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miércoles, 17 de marzo de 2010

Predecir el terremoto no, prevenirlo sí


Los recientes terremotos ocurridos en Haití (12 de enero, magnitud 7,0) y Chile (27 de febrero, magnitud 8,8) y sus trágicos efectos han dado lugar a las lógicas preguntas: ¿cómo se originan? ¿Es posible predecirlos? ¿Se puede hacer algo para evitarlos?

FUENTE El País Digital 17/03/2010

En este caso, además, la proximidad temporal de estos dos terremotos ha suscitado un nuevo interrogante: ¿tienen algo que ver entre sí ambos sucesos? Para responder a estas cuestiones, vamos a situarnos en el marco de la dinámica global de nuestro planeta, en lo que se entiende como tectónica de placas.

La litosfera terrestre, es decir, la parte rígida y fría que abarca la corteza y la zona más superficial del manto, está fragmentada en grandes placas que se mueven horizontalmente, con independencia entre ellas y con velocidades de pocos centímetros al año. El arrastre de estas placas es producido por la parte superior del manto (astenosfera) sobre la que flotan que, a su vez, se mueve por las corrientes convectivas del manto.

Las interacciones de unas placas con otras han originado a lo largo de millones de años los grandes rasgos geológicos (montañas, trincheras y dorsales oceánicas, fallas y pliegues) y son actualmente la causa de los volcanes y los terremotos. Estos últimos se originan cuando la tensión producida en el encuentro de las placas y acumulada con el paso de los años supera la resistencia de las rocas en una zona de fragilidad (falla) y se libera súbitamente. Cerca del 95% de la energía sísmica se produce en los bordes de placas, y un 5% en su interior. Este último es el caso de los terremotos que ocurren en el interior de China y que están originados por el empuje de la placa de la India sobre la placa asiática. El mismo fenómeno ha generado la cordillera del Himalaya.

La mayor parte de la energía sísmica que se origina en los bordes de las placas se debe a un proceso de subducción por el cual una placa se desliza por debajo de otra. La subducción más frecuente tiene lugar cuando una placa oceánica choca con una continental. Esto es lo que sucede en el océano Pacífico, frente a la costa de Chile, donde la placa de Nazca (oceánica) se introduce por debajo de la placa suramericana (continental) con una velocidad próxima a 67 milímetros / año, produciendo terremotos gigantescos como el ocurrido ahora o como el del 22 de mayo de 1960 que, con su magnitud de 9,5, constituye el mayor fenómeno sísmico registrado instrumentalmente. La formación de los Andes y el volcanismo del área suramericana son también resultados de este choque de placas.

Por su parte, en el terremoto de Haití las placas que actuaron fueron la del Caribe y la de Norteamérica. El encuentro de ambas no fue de subducción sino de desplazamiento horizontal relativo con una velocidad aproximada de 20 milímetros/año. La rotura se produjo a lo largo del sistema de fallas Enriquillo-Plantain Garden, a una profundidad de 13 kilómetros, notablemente más pequeña que en Chile donde el hipocentro se localizó a 35 kilómetros.

Se trata, por tanto, de dos terremotos originados no sólo muy lejos uno del otro sino en marcos tectónicos muy diferentes, lo que permite afirmar que no guardan relación entre sí. Su coincidencia en el tiempo ha sido producto de la casualidad. Como también lo han sido otros dos terremotos de magnitud 7,0 que han ocurrido en el mismo periodo (18 y 26 de febrero) al sur de Japón y en la frontera de Rusia y Corea y han pasado desapercibidos para los medios de comunicación, y el más reciente de Turquía (8 de marzo) que, a pesar de su moderada magnitud (5,9), ha causado más de 50 muertos.

El marco de la tectónica de placas permite aproximarnos con más perspectiva al tema de la predicción de los terremotos ya que nos proporciona una explicación general sobre su origen. Es fácil aceptar que, mientras las placas sigan moviéndose y las fallas continúen existiendo, seguirán produciéndose terremotos. Es decir, podemos afirmar que donde ha habido sacudidas sísmicas volverá a haberlas, y su magnitud será similar a la de los terremotos anteriores. Pero esto no es en absoluto una predicción si entendemos el término predicción como una indicación, con sus márgenes de incertidumbre, de dónde y cuándo ocurrirá un terremoto individual, de cuánto será su magnitud y de cuál es la probabilidad de acierto de esta predicción.

Esto, hoy por hoy, no es posible con el grado de desarrollo de la sismología. ¿Por qué? ¿Qué es lo que hace que la predicción no sea posible para el caso de terremotos individuales mientras que sí lo es para otros fenómenos naturales como los huracanes o las erupciones volcánicas?

La respuesta es compleja y afecta tanto a la física del fenómeno como a sus observaciones. Por una parte, la corteza terrestre es extremadamente heterogénea y la distribución real de los esfuerzos actuantes y de la energía acumulada no es suficientemente conocida. Además, no existe una comprensión clara del proceso en la fuente sísmica y no se sabe bien cómo se produce la rotura ni cómo una falla concreta interactúa con los sistemas próximos y éstos entre sí. A pesar de los grandes progresos en los últimos años, todavía hay más preguntas que respuestas.

La falta de comprensión del proceso explica que no exista un fenómeno observable que pueda ser considerado sin ambigüedades como un precursor sísmico. Ello marca una diferencia muy clara respecto a los otros fenómenos naturales. Por ejemplo, aunque cada volcán es diferente, se puede predecir una erupción analizando la evolución de distintos fenómenos como las emisiones de gases, las deformaciones del edificio volcánico o la sismicidad asociada. En el caso de los terremotos, ninguno de los fenómenos considerados como precursores (variación del nivel de gas radón en los pozos, cambios en la razón de velocidades de las ondas P y S, modificaciones en la sismicidad de la zona, etcétera) parece ser realmente fiable. Es necesario por tanto profundizar en la comprensión del proceso sísmico y buscar nuevos fenómenos que sean observables y guarden una relación directa y estadísticamente probada con los terremotos.

A las dificultades inherentes al proceso sísmico se añade el problema de la observación de los fenómenos relacionados con él. En la investigación sismológica no ha habido, hasta los últimos años, un sistema de observación similar al de los satélites en el caso de la meteorología. Esta situación ha mejorado notablemente en la última década con la interferometría desde satélite y la creación de redes de GPS que permiten estudiar la evolución espacial y temporal de los campos de esfuerzos. Pero todavía hay que avanzar mucho en la captación de datos de interés sismológico.

El reconocimiento de estas limitaciones no debe llevarnos al pesimismo. Actualmente la sismología puede estimar con una alta fiabilidad el peligro sísmico de cualquier zona del planeta. Al hacerlo, permite señalar, con tiempo suficiente, en qué lugares es más urgente tomar medidas de prevención que permitan disminuir las pérdidas humanas y materiales. El trabajo en esta línea incluye el diseño de escenarios sísmicos en los que se evalúen los posibles daños y se planifique la respuesta necesaria, la educación de la población, el desarrollo de normativas de construcción sismorresistente y la exigencia de su cumplimiento. En algunos casos es posible también establecer sistemas de alerta sísmica temprana, como el de la Ciudad de México, o proteger instalaciones y servicios críticos como conducciones de gas y electricidad o trenes de alta velocidad.

La eficacia de las medidas de prevención explica la diferencia en el número de víctimas mortales producidas por los terremotos de Haití y Chile. En el primer caso, la mala construcción generalizada, la ausencia de una conciencia colectiva de amenaza sísmica y la falta de una estructura social sólida han contribuido a multiplicar el número de víctimas hasta alcanzar la pavorosa cifra de 230.000 muertos. En el segundo, el número de víctimas mortales no supera las 500, muchas de ellas debido a un inexplicable fallo humano en un sistema de alerta de tsunamis bien diseñado. Está claro, por tanto, que se pueden tomar medidas para disminuir el impacto de los terremotos. Y que es urgente hacerlo.

Autor: Miguel Herraiz Sarachaga (director del Departamento de Geofísica y Meteorología Universidad Complutense)

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domingo, 14 de marzo de 2010

Así se deshace la Antártida


A principios de febrero, B-9B, un enorme iceberg de casi cien km de longitud chocó violentamente con la lengua helada del glaciar Mertz, en la zona oriental de la Antártida, provocando su ruptura.

FUENTE ABC Periódico Electrónico S.A. 09/03/2010

El acontecimiento fue recogido por las cámaras del satélite meteorológico Envisat, de la Agencia Espacial Europea. La propia ESA ha publicado una espectacular secuencia de imágenes, que abarcan desde el 10 de febrero al 4 de marzo, en la que se aprecian con claridad las rápidas consecuencias del titánico choque.

La colisión ha creado un segundo y también enorme iceberg, de cincuenta km de largo por veinticinco de ancho y bautizado como C-28. El nombre significa que es el glaciar número 28 que se rompe en este sector de la Antártida desde el año 1976, cuando se comenzaron a clasificar esta clase de fenómenos.

Ambos icebergs se encuentran ahora a la deriva en medio de una polinia, que es la forma en que se denomina un área de agua en el Ártico o en la Antártida que no llega nunca a congelarse, pero que está rodeada por todas partes de hielo marino. Los dos colosos helados están obstruyendo la circulación de agua oceánica creada por la polinia, lo que priva de oxígeno a la vida marina local.

Autor: José Manuel Nieves

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Las termitas del mar pueden fabricar biocombustibles


Unos pequeños crustáceos marinos que devoran la madera podrían esconder en sus entrañas un nuevo biocombustible, según un estudio publicado en PNAS.

FUENTE Público 09/03/2010

Durante siglos, el Limnoria quadripunctata, con una longitud de uno a cuatro milímetros, ha sido considerado una plaga por sus estragos en los cascos de los barcos y los muelles.

Al contrario que otros organismos que se alimentan de madera, como las termitas, estos animales no parecen necesitar la ayuda de microbios intestinales para digerirla. El nuevo trabajo, realizado por expertos de las universidades de York y Portsmouth, en Reino Unido, ha analizado los genes de su sistema digestivo.

El trabajo ha detectado varios de ellos que producen unas enzimas que, por ahora, no se habían hallado en ningún otro animal. Son sustancias que atacan la madera y la transforman en azúcares, que aportan la energía que necesitan estos crustáceos. Se trata de las enzimas que se habían hallado ya en ciertos hongos que también degradan la madera, así como en los microbios del estómago de las termitas.

Los autores quieren intentar usar estas sustancias para fabricar combustibles líquidos a partir de residuos de madera.

Autor: N. D.

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Un tercio del CO2 de los ricos se genera en otro país


Al producir bienes de consumo se genera CO2. Pero mientras que se conoce el volumen del tráfico internacional de mercancías, se ha prestado muy poca atención a las emisiones asociadas a los productos que se comercian.

FUENTE El País Digital 09/03/2010

Ahora, dos científicos de EE.UU. han hecho un estudio cruzando datos de distribución mundial de emisiones con los de comercio por sectores y muestran que los países ricos externalizan más de un tercio del CO2 generado al producir los bienes y servicios que consumen sus ciudadanos. China es el principal receptor.

Con datos de varios países de Europa occidental, cada ciudadano, como media, consume bienes que generan hasta cuatro toneladas de CO2 en algún otro lugar del mundo; en EE.UU., el balance de la emisión per cápita fuera de sus fronteras es de 2,5 toneladas, dado que es un gran importador, pero también exportador de mercancías asociadas a contaminación. En Suiza, el CO2 generado en la producción de los bienes que consume y que se emite fuera de sus fronteras es superior al emitido dentro de las mismas.

Steven Davis y Ken Caldeira, del Institution Carnegie de Washington, abarcan en su investigación 113 países y 57 sectores industriales (con datos completos para 2004), y dan a conocer sus resultados pormenorizados en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. Ellos recuerdan que si en la década de los noventa las emisiones globales crecieron un 1% anual, el ritmo de aumento entre 2000 y 2008 fue del 3,5% por año, aunque ha debido caer últimamente debido a la crisis económica.

"Al sistema climático no le importa dónde se produce el CO2", recuerda Davis. "Igual que la electricidad que uno gasta en casa puede estar provocando emisiones en una planta de carbón en algún otro lugar, hemos visto que los productos importados por los países desarrollados de Europa Occidental, Japón y EE.UU. causan sustanciales emisiones en otros países".

Aproximadamente 6,2 gigatoneladas del total del CO2 mundial emitido por el uso de combustibles fósiles se debe a la producción de bienes que se consumen en otro país, indica el estudio. En China se emiten 1,4 gigatoneladas de CO2 (casi una cuarta parte de su total nacional) al producir bienes que salen de sus fronteras (piezas, maquinaria, electrónica, textiles, productos químicos y plásticos). Esas mercancías van a parar a EE.UU., Japón y Europa Occidental.

Las exportaciones de mercancías producidas con alta inversión energética corresponden a economías emergentes (como China e India), además de Rusia; Europa Occidental y Japón se caracterizan por la baja intensidad energética de sus productos. También en EE.UU. es muy inferior dicha intensidad en comparación con los países emergentes, pero superior a la europea.

Con este panorama de externalización de la contaminación, la reducción notable de las emisiones registrada en regiones desarrolladas puede estar enmascarando las emisiones reales debidas a su consumo, que se contabilizan lejos de casa.

"La separación geográfica de la producción y el consumo complica la pregunta fundamental acerca de quién es responsable de las emisiones y cómo hay que repartir la carga del recorte de las mismas", afirman Davis y Caldeira en su artículo. La prosperidad de los países ricos se basa, no sólo en dos siglos (desde la industrialización) de emisiones por el uso de combustibles fósiles, sino también, ahora, en las emisiones originadas en los países en desarrollo, subrayan estos científicos. Davis puntualiza, en un comunicado de la Institución Carnegie, que los datos de este trabajo pueden ser tomados en cuenta a la hora de abordar los acuerdos internacionales para controlar las emisiones causantes del cambio climático, aunque "eso es una decisión que corresponde a los políticos".

Autor: Alicia Rivera

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El hombre que puede evitar catástrofes


El terrible tsunami de 2004 fue el desastre natural más mortífero de la historia moderna. Cerca de 300.000 personas murieron en la catástrofe, a pesar de que la onda expansiva de las olas, que afectó especialmente a Indonesia, no llegó a su destino por sorpresa. Tardó dos horas en alcanzar las costas de la India, y seis en precipitarse sobre Somalia y Kenia. Si el proyecto en el que trabaja Sergio Idelsohn hubiera sido hace seis años una realidad, parte de esta gran tragedia podría haberse evitado.

FUENTE ABC Periódico Electrónico S.A.
11/03/2010

El curso del tsunami se hubiera conocido a tiempo real gracias al novedoso simulador informático en el que trabaja, una especie de «bola de cristal» matemática para augurar cómo se comporta un líquido o un gas y poder hacer frente a eventos inesperados como una inundación, la ruptura de un dique o un incendio. ¿No sería maravilloso tener un invento semejante de cara al futuro?
Sergio Idelsohn es un especialista en mecánica de fluidos, investigador en el Centro Internacional de Métodos Numéricos en Ingeniería (CIMNE) de la UPC de Barcelona. Recientemente, ha recibido un prestigioso premio de tres millones de euros del Consejo Europeo de Investigación (ERC) -una concesión que sólo se otorga a proyectos de alto riesgo pero que pueden producir resultados científicos de gran impacto-, para desarrollar un sistema de simulación informática que permita realizar cálculos del movimiento de líquidos y gases en tiempo real.

CUESTIÓN DE VELOCIDAD

Precisamente, ahí reside la novedad de su procesador. Desde hace algún tiempo, los científicos ya eran capaces de prever los efectos de una ola grande, de un incendio o de un volcán en erupción, pero sus cálculos son demasiado lentos. «Por ejemplo, para saber cómo se mueve un barco frente a una ola necesitamos diez horas de computación. ¿Es mucho? Depende, si estamos diseñando el barco tenemos un año para trabajar, pero hay algunos fenómenos, como un tsunami, en los que necesitamos una respuesta muy rápida», explica el profesor. «Debemos saber en menos de quince o veinte minutos hasta dónde y con qué fuerza va a llegar el agua, para evacuar a la población si fuera necesario».

Para conseguir la simulación a tiempo real, el nuevo procesador que desarrolla Idelsohn se inspira en la tecnología de los videojuegos GPGPU, en la que los cálculos son prácticamente instantáneos. «Cuando juegas al tenis en una consola, le pegas a una pelotita virtual y ésta se mueve inmediatamente en la pantalla», describe. La idea novedosa del proyecto es utilizar estos procesadores con nuevos métodos numéricos y algoritmos para otras aplicaciones muchísimo más importantes que un juego, como la de conocer el curso de un tsunami, la inundación de un río o el aguante de un dique, pero también hay muchas otras en el campo de la bioingeniería y de la industria. Por ejemplo, saber cómo se mueve el flujo sanguíneo al colocar una válvula cardíaca en una operación -puede ayudar al cirujano a tomar una decisión rápida ante un paciente con el pecho abierto- o qué dirección toma el metal fundido en una industria metalúrgica para evitar que provoque algún accidente.

Autor: J. de Jorge

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