Bienvenid@s al curso 2018-2019

Este blog pretende ser una ayuda para el estudio de la asignatura de Ciencias de la Tierra y Medio Ambiente de los alumnos de 2º de Bachillerato.

A lo largo del curso irán apareciendo entradas con comentarios sobre las unidades didácticas, noticias relacionadas con el medio ambiente, ejercicios de selectividad, recordatorio de fechas de exámenes, presentaciones o animaciones de distintas partes del libro, etc.

Y recuerda que: "Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, solo será cuestión de recoger sus frutos". (Thomas Carlyle)

martes, 2 de noviembre de 2010

Viaje al epicentro del tsunami


Vayan dos ejemplos para situar el estado de la cuestión. El pasado 27 de febrero, un terremoto de 8,8 grados de intensidad sacudió Chile. La energía liberada fue tal que bastó, entre otras cosas, para desplazar más de tres metros al oeste la ciudad de Concepción.

FUENTE ABC Periódico Electrónico S.A. 02/11/2010

De inmediato, se declaró la alerta de tsunamis en todo el Pacífico. Las olas gigantes, se dijo, barrerían durante los días siguientes todo lo que encontraran a su paso, desde las costas chilenas hasta el mismísimo Japón. Hawái, donde se esperaba uno de los mayores impactos, vivió días de auténtico pánico, y miles de personas abandonaron a toda prisa las zonas costeras. Pero nada de eso ocurrió. El anunciado tsunami no llegó a producirse, y no hubo más catástrofes naturales asociadas a aquél seísmo, a pesar de que su intensidad fue más que suficiente para alimentar maremotos a gran escala.

En segundo lugar tenemos el caso contrario. El último terremoto de Indonesia, un temblor de 7,7 grados provocó, esta vez sí, un tsunami que ha causado cientos de víctimas e incontables daños materiales. Y esto ha venido a suceder justo en una zona que es especialmente sensible a este tipo de catástrofes. Un área del mundo en la que, tras el desastre de 2004, con más de 100.000 víctimas mortales, se han tomado todas las precauciones posibles para predecir la llegada de olas asesinas y evitar sus consecuencias. Sin embargo, ni la más compleja red de detectores, ni toda una constelación de costosísimos satélites especialmente dedicada a monitorizar el océano, han servido para evitar más muertes.

Está claro, concluyen los científicos, que algunos terremotos provocan tsunamis, pero otro no. Los factores a tener en cuenta son varios: la propia fuerza del terremoto, la dirección de las ondas sísmicas, la topografía del fondo marino... Una serie de circunstancias y escenarios que, a menudo, marcan la diferencia entre la vida y la muerte.

MAGNITUD DEL TERREMOTO

La magnitud del terremoto, por ejemplo, es la medida de la amplitud de la mayor de las ondas sísmicas que produce. Y el reciente terremoto de Indonesia estaba justo en el umbral de magnitud que se considera suficiente para generar un tsunami.

«Los terremotos por debajo de 7,5 grados generalmente no provocan tsunamis», asegura el geofísico Don Blakeman, del Centro Nacional de Vigilancia Geológica de los Estados Unidos. «Sin embargo, sabemos de terremotos de magnitud 6 que han causado tsunamis locales, más pequeños y menos destructivos».

Por lo que sabemos, un terremoto provoca un tsunami cuando la actividad sísmica causa el movimiento vertical de las masas de tierra que hay a lo largo de las líneas de falla. Esto es, la tierra que está cerca de los bordes de las placas en que está dividida la corteza terrestre. Cuando alguna parte del fondo marino se desplaza verticalmente, o empieza a moverse alternativamente hacia arriba y hacia abajo, también se desplaza la columna de agua que tiene justo encima. Un movimiento que crea, a su vez, una onda de energía que impulsa el agua hacia arriba. Al contrario, los terremotos que mueven el terreno horizontalmente tienen muchas menos probabilidades de generar tsunamis. De hecho, cuando la energía de estos seísmos empuja las placas en sentido horizontal, el agua no se ve afectada, y el tsunami no se produce, independientemente de la intensidad del terremoto.

Luego está la cuestión de la altura que puede llegar a alcanzar un tsunami. Y eso, el hecho de que una ola tenga tres o quince metros, depende de cómo el movimiento vertical de la tierra causado por el terremoto interactúe con la topografía del fondo marino en su recorrido hacia la costa. Ese factor, opinan los investigadores, basta para amplificar el tamaño de las olas del tsunami durante su viaje. «Cuando viaja en alta mar -explica Bakeman- un tsunami se mueve normalmente a una velocidad que está entre los 800 y los 1.000 km. por hora, prácticamente la misma de un avión a reacción. Pero a medida que se acerca a tierra esa velocidad disminuye». Los fondos costeros más bajos producen olas más altas. Y al contrario.

Por último, y en contra de la creencia popular, los tsunamis no se ven influenciados por las condiciones meteorológicas. Su energía procede del movimiento brusco de los fondos marinos, y eso no varía, o lo hace muy poco, con el tiempo que encuentren durante su viaje.

Autor: José Manuel Nieves

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domingo, 31 de octubre de 2010

Levante y Pirineos, los focos sísmicos más activos


La Cordillera Bética, la zona del Levante y los Pirineos son las tres zonas de mayor actividad sísmica de la Península Ibérica, que cuenta también con otros focos de importancia, como la Cordillera Ibérica, la Alcarria y la zona Noroeste de Portugal y Galicia.

FUENTE El Mundo Digital 28/10/2010

Así lo ha indicado el Investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), Miguel Ángel Rodríguez, coordinador a su vez del Primer Congreso Ibérico de Fallas Activas y Paleosismicidad (IBERFAULT), que reúne en Sigüenza (Guadalajara) a más de 70 expertos nacionales e internacionales en terremotos.

Rodríguez ha explicado que, por su cercanía con la placa africana y por la convergencia entre Eurasia y África, la Cordillera Bética, con un radio de influencia que va desde Andalucía hasta Albacete y Murcia, es la falla de mayor actividad de toda la geografía peninsular.

También hay importantes focos de actividad sísmica en la zona del Levante, desde Barcelona hasta Almería, y en los Pirineos, así como la Cordillera Ibérica, y Galicia, donde últimamente se han detectado movimientos sísmicos, a pesar de ser una zona poco proclive a los mismos. No obstante, este experto ha aclarado que la Península Ibérica no es una zona de alta actividad sísmica.

MAPA DE FALLAS DE LA PENÍNSULA

Estos datos, que son el eje alrededor del que se articula Iberfault, se recogerán en un mapa de fallas activas en la Península asociadas a posibles terremotos destructivos en un futuro próximo.

La paleosismología es una rama de la geología que estudia el registro de los terremotos antes de las primeras crónicas históricas, para lo que aborda directamente la falla que ha generado el terremoto, pudiendo calcular las magnitudes de fenómenos que se produjeron hace miles de años y que se volverán a reproducir en el futuro.

Hasta ahora, el registro de terremotos estaba basado exclusivamente en datos instrumentales registrados por los sismógrafos durante los últimos 100 años y en crónicas históricas, si bien la aparición de la Paleosismología permitirá establecer una base de datos más precisa de las zonas de actividad sísmica.

El resultado de la aplicación de esta ciencia supondrá la obtención de un catálogo mucho más completo, especialmente para grandes terremotos, y que repercutirá muy positivamente en la norma sismoresistente, que es la que se aplica a la hora de ubicar instalaciones críticas como embalses o centrales nucleares.

Asimismo, la gran ventaja de esta ciencia es que permite establecer el punto geográfico en el que se va a producir el terremoto y la magnitud del mismo, aunque aún resulta imposible predecir el momento exacto en que tendrá lugar. "Prácticamente ninguna disciplina científica permite hacer predicciones temporales, y menos en una cuestión como ésta, con un número de variables tan alto", ha señalado Rodríguez, quien cree que el esfuerzo debe ir dirigido a la prevención.

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¿Podemos sufrir un tsunami en España?


Las costas españolas están en el radio de alcance de varios focos sísmicos capaces de generar tsunamis, que, en el peor de los casos, provocarían olas de hasta 15 metros de altura en Huelva y el litoral atlántico de Cádiz, como ocurrió en 1755, y de uno a dos metros en el mar de Alborán y las Baleares.

FUENTE ABC Periódico Electrónico S.A. 29/10/2010

Así lo indican los trabajos que investigadores del Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria han realizado en colaboración con otras instituciones dentro del proyecto europeo "Transfer" para identificar las áreas de riesgo de tsunami en el Viejo Continente.

Los resultados se han plasmado en tres artículos publicados por la revista "Turkish Journal of Earth Sciences", en los que se examinan los focos de riesgo en tres zonas: la que afecta costa atlántica, cinco fallas del mar de Alborán que provocan pequeños tsunamis en esa zona del Mediterráneo cada 25 años, aproximadamente, y los terremotos de Argelia que envían olas hacia las Baleares.

Uno de sus autores, el investigador colombiano Mauricio González, del IH Cantabria, ha explicado que el mayor riesgo se encuentra en las costas de Cádiz y Huelva, expuestas históricamente a grandes tsunamis, con olas de 15 metros que como las que arrasaron la zona el 1 de noviembre de 1755 y mataron a 2.000 personas.

«DEVASTADOR»

González subraya que un tsunami de esas proporciones resultaría "devastador", debido a lo poblada que está en la actualidad esa franja costera y a que el tiempo para reaccionar sería escaso. "Tratar de evacuar sería imposible, pero hay otras medidas: como la evacuación vertical o llevar a la población a zonas que ya se han identificado que no se inundarían", apunta este investigador.

Ese mismo tramo de costa ha sido históricamente golpeado por tsunamis más pequeños, con olas en la costa de uno a dos metros, que se repiten con una frecuencia que oscila entre los 70 y 150 años. De esa misma magnitud son los tsunamis que producen, cada 25 años de promedio, las cinco fallas del mar del Alborán con mayor capacidad de generar ese tipo de fenómenos. En esa zona, los tsunamis pueden enviar hacia la costa olas que pueden alcanzar los 1,5 o dos metros en puntos como Melilla, Málaga o Adra (Almería).

SIN SISTEMA DE ALERTA

Aunque este tipo de tsunamis se consideran menos peligrosos, González advierte de que no hay que despreciar sus efectos. "Si tú estás en una playa, la diferencia es que un tsunami no es una ola que rompe y muere a tus pies, es un río de metro y medio o dos metros que va arrasando con todo con lo que encuentre. Más de un metro o metro y medio, ya es peligroso para la gente", apunta.

Y ese mismo tipo de tsunamis con olas de uno a dos metros pueden provocar importantes destrozos en embarcaciones y puertos, como los que ocasionó en 2003 en varios puertos de las Islas Baleares un terremoto en la costa de Argelia.

Este investigador del Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria -uno de los centros punteros de Europa en ingeniería de costas- lamenta la poca importancia que se le ha dado en España hasta la fecha a este tipo de riesgos.

"Hay cantidad de medidas que se pueden tomar en un momento determinado, si se quiere. El problema es que a nivel nacional no hemos visto ningún interés en cuanto a los tsunamis. Hace cinco años hicimos una propuesta de un sistema de alerta para las costas españolas y a día de hoy no hemos recibido respuesta", asegura.

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miércoles, 27 de octubre de 2010

Soluciones de los ejercicios del libro


He subido las soluciones de algunos ejercicios del libro (principalmente los que no hemos podido corregir en clase) en la zona de descargas. Los podéis bajar directamente abriendo esta página:

https://sites.google.com/site/cienciasdelatierractma/ctma/ejercicios-del-libro

¡Mucha suerte para el examen de mañana! Espero que os salga a todos muy bien. :-)

Una de cada cinco especies está en peligro


"Hay más especies camino de la extinción que en vías de recuperación", ha dicho el investigador Stuart Butchart, de la organización BirdLife International. Butchart y otros casi 200 científicos han elaborado un informe sobre el estado de la biodiversidad que muestra la ambivalencia de la acción humana.

FUENTE Público 27/10/2010

Por un lado, el hombre ha provocado que el 20% de las especies de vertebrados estén en peligro de extinción. Pero, al mismo tiempo, la implantación de medidas conservacionistas en los últimos años ha atenuado la agresión humana.

Coincidiendo con la Convención sobre Diversidad Biológica (CDB) en Nagoya (Japón) este amplio grupo de científicos ha querido revelar el mal estado de salud por el que pasa buena parte de los animales en el proyecto El impacto de la conservación en el estado de los vertebrados del mundo, que publicará la revista Science. Los datos de 25.780 especies que aparecen en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) muestran cómo una quinta parte de los anfibios, reptiles, aves, peces y mamíferos está amenazada. Peor aún, la lista no ha dejado de crecer desde 1988.

¿La causa? Los científicos señalan al hombre que, de forma directa (mediante la sobrepesca, la caza o la extensión de la agricultura), está acabando con los ecosistemas. Otras acciones humanas que han disparado el cambio climático también tienen un impacto indirecto en el deterioro de la salud animal del planeta. Aunque los vertebrados apenas son el 3% de las especies, son piezas clave en todos los ecosistemas. La Lista Roja clasifica a los animales en ocho categorías, desde casi amenazados hasta extintos. Su estado de salud es un termómetro del estado de la vida.

EL CAMINO DE LA EXTINCIÓN

El responsable de la Lista Roja de la UICN, Craig Hilton, dijo en la teleconferencia que los datos no le habían sorprendido: "Me preocupa más que estas cifras van a peor a medida que pasa el tiempo". Por ejemplo, entre los anfibios (la categoría más dañada en los últimos años), 662 especies han perdido puestos en la lista, acercándose a la última categoría, la de extinción. Unas 150 especies de mamíferos han perdido al menos una categoría. Como media, 52 especies han entrado en la Lista Roja o perdido puestos en los últimos 22 años.

Aunque la mayoría de las especies podrían recuperarse si se eliminan las amenazas que las acechan, en el 16% de los casos ya todo está perdido. Algunos pájaros, como el kamoa (Myadestes myadestinus) de las islas Hawaii o el zampullín de Alaotra (Tachybaptus rufolavatus) de Madagascar ya han desaparecido. Otras nueve especies de anfibios se han extinguido desde 1980. A pesar de que entre los extintos no hay mamíferos, todo apunta a que el delfín del río Yangtsé (Lipotes vexillifer) ya no existe.

EL PAPEL DEL CONSERVACIONISMO

El artículo reserva su segunda parte a analizar el papel que han tenido las políticas conservacionistas puestas en marcha en los últimos años. Las cifras en bruto revelan que, del total de 928 especies que cambiaron de estado en la Lista Roja, 68 fueron a mejor. Una de ellas fue el sapillo balear o ferreret, uno de los pocos anfibios que se han salvado gracias a la lucha contra las especies invasoras.

Los científicos estiman que, de no mediar alguna medida de conservación, el índice de la Lista Roja habría empeorado un 18% más en el caso de los pájaros y los mamíferos. Así, 29 especies de estos se han alejado de la extinción desde 1996. Por su parte, 39 tipos de pájaros han mejorado su situación. La bióloga Ana Rodrigues, del Centro francés de Ecología Funcional y Evolutiva, puso el ejemplo positivo de México: "En los últimos años ha prohibido la captura y exportación de crías salvajes. México era la principal fuente del comercio de pájaros".

Pero es una excepción. El impacto positivo de las políticas proteccionistas se queda generalmente en el norte del planeta. De hecho, la zona de América central, Andes y Amazonia son, junto a la del sureste asiático, las que más especies tienen en vías de extinción. La acción humana es aquí evidente. La extensión de la agricultura por medio de la plantación de vegetales para la exportación (como soja y caucho, por ejemplo), la recuperación de tierras al bosque para dedicarlas a plantaciones de arroz (por el aumento de la población) o la tala para la exportación de maderas han acelerado la destrucción de los hábitats asiáticos más que ningún otro de los terrestres.

Apoyados en su trabajo, los científicos no creen que el objetivo de revertir la pérdida de biodiversidad para 2020 que se está discutiendo en Nagoya sea realista. Para conseguirlo, dicen, habría que multiplicar por diez el dinero dedicado a la conservación. Debería doblarse la extensión de las áreas protegidas y establecer obligaciones legales. "Si la conferencia no consigue alcanzar un acuerdo, creo que las cosas se pondrán muy negras", aseguró el biólogo Richard Durbin, coautor de un segundo trabajo, también en Science, que dibuja una serie de escenarios para la biodiversidad en las próximas décadas.

FUTURO DE LA BIODIVERSIDAD

Si la primera investigación muestra el deterioro de la biodiversidad, este trabajo imagina su futuro. Usando datos actuales y tendencias esperadas, un equipo de 23 científicos estima que la extinción de especies no se va a detener en este siglo. Para calcular sus escenarios han usado proyecciones de la población, emisión de gases de efecto invernadero o la evolución de las sociedades humanas. Incluso en el mejor de los escenarios, la tasa de extinción será la más elevada "desde el registro fósil del Cenozoico", escriben.

Pero en algunos escenarios hay esperanza. Si se desaceleran el cambio climático y el proceso de deforestación, los sistemas ecológicos podrían ralentizar su deterioro. Las medidas de intervención política deben tomarse ya. Una de ellas es la creación de un panel intergubernamental para la biodiversidad (IPBES) similar al formado para afrontar el cambio climático para que los científicos alumbren el camino de los políticos.

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Sólo un 1% de Ciencia en los telediarios españoles


La ciencia ocupa un lugar prácticamente testimonial en los informativos de nuestro país. Un estudio desarrollado por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, con la colaboración de la Fundación Dr. Antonio Esteve, ha podido determinar por primera vez que las noticias científicas ocupan tan sólo el 1,1% del total de informaciones emitidas.

FUENTE El Mundo Digital 27/10/2010

Tras analizar los telediarios de TVE1, Antena 3, Cuatro y Telecinco a lo largo de todo un año en su segunda edición, los resultados de esta investigación constatan que de las 32.592 noticias emitidas, únicamente 366 fueron de contenido científico. Entre todas las cadenas, estas cifras suponen un total de 30 noticias al mes, o lo que es lo mismo, una sola al día.

El estudio 'La información científica en los telediarios españoles', realizado por el Grupo de Estudios Avanzados de Comunicación de la URJC y dirigido por el profesor Pablo Francescutti, es el primer trabajo monográfico en nuestro país dedicado a cuantificar y analizar a lo largo de todo un año (de abril de 2007 a marzo de 2008) el volumen de noticias científicas en los informativos con mayor audiencia.

Aunque las cuatro televisiones de ámbito estatal se mueven en torno al mismo porcentaje, existen algunas diferencias entre ellas. Mientras que en términos absolutos, el primer canal público es el que más noticias científicas difunde (116 en total), en términos relativos TVE1 comparte el liderazgo con Cuatro (ambas dedican el 1,3% de sus informaciones a la ciencia). Telecinco, por su parte, se sitúa a la cola en ambos conceptos.

El análisis también ha permitido saber que las innovaciones tecnológicas, con un 30% del total, constituyen el tema científico predilecto en los telediarios, con una preferencia especial por las relativas al transporte. El segundo puesto lo ostenta la exploración espacial, con un 20% del porcentaje total, en un año sin apenas novedades en este campo. Por último, las ciencias de la vida, con la biomedicina a la cabeza, ocupa el tercer lugar en el ranking de temas científicos más frecuentes en las redacciones televisivas.

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El impacto de un asteroide sobre el océano podría destruir la capa de ozono


Un asteroide choca contra el fondo del océano. Ninguna ciudad ni zona habitada han resultado afectadas. ¿Nos hemos librado del Armagedón? Ni mucho menos. Una investigación realizada por un equipo del Instituto de Ciencias Planetarias (PSI, por sus siglas en inglés) en Tucson (Arizona, EE.UU.) y financiado por la NASA asegura que una roca espacial de tamaño medio -de 500 metros a un kilómetro de diámetro- que se empotrara contra el fondo del mar podría provocar una terrible catástrofe ambiental.

FUENTE ABC Periódico Electrónico S.A. 27/10/2010

El impacto afectaría a la atmósfera, de forma que agotaría la capa de ozono protectora de la Tierra durante varios años. Como consecuencia, aumentarían enormemente los niveles de radiación ultravioleta. Sacar adelante cultivos agrícolas para la alimentación humana sería muy problemático y la subsistencia de millones de personas se vería seriamente amenazada. También su salud: para evitar quemaduras y cataratas oculares, los seres humanos, como vampiros, sólo podrían salir al exterior por la noche.

En el pasado, el interés por los efectos de un asteroide o un cometa que impactaran en el medio del océano se había centrado en el peligro de un tsunami, pero este nuevo enfoque, publicado recientemente en la revista especializada Earth and Planetary Science Letters, es completamente diferente. Elisa Pierazzo, investigadora del PSI, ha utilizado un simulador para conocer cómo afectaría este gran choque sobre el ozono atmosférico.

Pierazzo contempló dos posibles escenarios de impacto: uno en el que un asteroide de 500 metros se precipita a 4 kilómetros de profundidad bajo el océano; y un segundo caso exactamente igual, pero en el que el asteroide tiene un kilómetro de diámetro. El modelo representa la rapidez con la que, al sumergirse, las rocas expulsan el agua del mar, incluidos el vapor de agua y otros compuestos como el cloruro y el bromuro, que aceleran la destrucción de la capa de ozono.

Los resultados son inquietantes. Según la investigadora, el impacto de un asteroide de un kilómetro puede producir «una perturbación mundial significativa de la química atmosférica superior», lo que se traduce en el «agotamiento» de la capa de ozono durante varios años, un fenómeno «comparable a los agujeros registrados a mediados de los años 90». La eliminación de una importante cantidad de ozono en la atmósfera superior durante un período prolongado de tiempo puede tener «importantes repercusiones biológicas en la superficie de la Tierra como consecuencia del aumento de las radiaciones ultravioletas», añade la investigadora. Entre las amenazantes consecuencias se incluyen «el aumento de la incidencia de eritemas (enrojecimiento de la piel), y cataratas, y cambios en el crecimiento de las plantas y en el ADN molecular».

OCULTOS POR EL DÍA

Los seres humanos también deberíamos proteger de forma extrema nuestra salud. El índice de radiación ultravioleta más alto registrado hasta ahora en la Tierra ha sido de 20 -uno de 10 ya puede provocar quemaduras a las personas de piel clara en una exposición de algunos minutos-, pero el impacto de un asteroide de 500 metros podría poner estos valores por encima de 20 durante varios meses en algunas regiones del planeta, mientras que la llegada de una roca de 1 kilómetro elevaría el índice UVI a 56, con niveles superiores a 20 durante dos años en algunas zonas de ambos hemisferios. «Nunca hemos llegado a extremos semejantes y no sabes exactamente qué es lo que ocurriría, pero probablemente tendríamos que permanecer en interiores para protegernos y salir solo por la noche, después del atardecer, para evitar daños mayores».

Como muchas voces han exigido antes, Pierazzo pide el desarrollo de una tecnología espacial que pueda, con el suficiente intervalo de tiempo, destruir o desviar posibles asteroides peligrosos para la Tierra. De igual forma, como prevención, los agricultores podrían plantar cultivos con mayor tolerancia a la radiación ultravioleta y, poniéndonos en el peor de los escenarios, los alimentos podrían ser almacenados para prepararnos para una posible reducción de la productividad durante algunos años.

Autor: Judith de Jorge

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